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La actualidad de nuestra parroquia |
miércoles 18 de junio de 2008 |
Pg. actualizada a las: 22:40 |
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Misa parroquial |
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DOMINGO XII ORDINARIO
PRIMERA PAGINA VIENEN TIEMPOS REVUELTOS Se va acabando la vida de camaradería y descubrimiento en compañía de Jesús. Fue tanto lo vivido, tantos los ratos de charla y filosofías, de caminos compartiendo lo poco o lo mucho; días y días de entusiasmarse y arder en fervores de cambio. Lo que empezó siendo un paseo se va convirtiendo en una escalada. Jesús empieza a intuir su final y quiere atar cosas, sentar las bases de un trabajo que durará mucho tiempo, el necesario para extender la buena noticia por todos los pueblos conocidos. Por eso empieza a predicar con dureza, empleando palabras de exigencia y apremio. Llevan juntos mucho tiempo. Y los discípulos no terminan de cogerle el tranquillo a lo de vivir y anunciar el mensaje. “El Reino de Dios está cerca”. Eso es lo que han de interiorizar para después ir, de dos en dos, anunciándolo por las aldeas. Pero ellos no están a lo que deben, y tienen su propia idea de lo que será ese reino. Piensan en un orden político diferente, sin prevalencia de leyes judías ni intromisiones romanas. Y se les van los ratos en discutir quién será quién en ese nuevo orden, se reparten prebendas y honores aun antes de palparlos. Y Jesús se desespera, incluso se enfada, porque no consigue meterles en la mollera que lo suyo no eso. Es otra cosa. Y será otra cosa que no tenga tanto que ver con las leyes como con la justa razón del corazón. Sin más reglamento que el mandamiento del amor llevado a todos los rincones, a todas las situaciones y a todos los extremos. Con una organización que colmará de bienes a los pobres y despedirá de vacío a los ricos. Con los niños en un lugar privilegiado, y los sencillos como depositarios de la sabiduría. Jesús comprende que los suyos se tienten la ropa cuando El se empeña en dejar las cosas claras. Porque una cosa es ir de mártir de la revolución, y otra muy distinta es lo que El les está pidiendo: ir como corderos entre lobos, sin sandalias, ni comida. Y con la real posibilidad de dejarse la vida en la misión. Y además, insistiendo que no es esto lo más peligroso. Les advierte que el peligro real no es perder la vida, sino perder el alma. Traicionar la misión y dejar a Dios sin operarios. Por eso insiste, hasta tres veces: No tengáis miedo. Si confiáis en Dios, si creéis mi Palabra, que es palabra de vida, si estáis dispuestos a tirar el alma por encima de la valla y saltar detrás, no tenéis que tener miedo. Quien me ve a mí, ve a mi Padre. Quien me conoce a mí, conoce a mi Padre. Quien se arriesga por mí, se arriesga por mi Padre, que es como decir que tiene la mejor póliza de seguros, la que le garantiza que no perderá ninguna de las cosas importantes en su camino. Por eso es tan crucial el Evangelio de hoy. Porque nos pone frente al momento de ceñirse y salir a campo abierto. Se acabó el momento de la tentación aquella de “quedémonos aquí, y hagamos tres tiendas para seguir eternamente en compañía de Moisés y Elías”. Hay que bajar de la montaña. Al llano. A la batalla de cada día. A la circunstancia de cada uno, a la propia cruz. Y no valen blanduras. Este es el momento de dar la talla, ser firmes, echar el resto. De desprenderse de la túnica de repuesto y de regalar el saco de las provisiones. De confiar en los que nos han de acoger. De estar dispuestos a invitar sin imponer y recibir sin juzgar. La mano al arado y la vista al frente. Y el mundo entero por conquistar. Ánimo, compañeros. A. GONZALO aurora@dabar.net DIOS HABLA JEREMIAS 20,10‑13 Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: “Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo”. Mis amigos acechaban mi traspié: “A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él”. Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los Ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos”. ROMANOS 5,12‑15 Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. MATEO 10,26‑33 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».
EXEGESIS PRIMERA LECTURA El texto de hoy, encuadrado entre dos poemas (20,7-9 y 20,14-18) constituye el núcleo de lo que se ha llamado las ‘Confesiones de Jeremías’. El profeta en ellas da rienda suelta a sus sentimientos y trasparenta para nosotros el estado de su corazón en momentos decisivos de su vida. Persona íntegra y de una pieza ha asumido con reticencias (1,6 ‘mira que soy un muchacho y no sé hablar’), como a la fuerza (20,7: ‘me has seducido, me has agarrado’) su vocación a ser portavoz de Dios. Vive Israel intentos de conversión primero con Josías y su reforma religiosa (una última tentativa que mantuvo al pueblo en pie); más tarde de incertidumbre (con un Joaquín creído y confiado) hasta pasar a la angustia de tener que anunciar el fin de todo. Jeremías se identifica de tal forma con su mensaje (15,16) que su vida se vuelve insoportable para sus paisanos. Su presencia resulta a todos insoportable como lo es su mensaje para quienes no quieren oír hablar de conversión, de confianza sólo en Dios, retorno a la sencillez. Y es él, el mensajero el que es rechazado, aislado, ridiculizado. Resulta patética la escena del c.36: Jeremías perseguido se oculta y envía a Baruc, su discípulo a leer al rey el rollo escrito con sus oráculos de parte de Dios. El rey se hace leer el texto y ‘sentado con un brasero delante encendido –era invierno-rasgaba cada tres o cuatro hojas con su cortaplumas y las echaba al fuego del brasero hasta terminar todo el rollo en el fuego del brasero’ (vv.22-23). Asumir la vocación a la que nos ha llamado el Señor, identificarse con ella, hacerse misión y mensaje y palabra de Dios, conlleva tener que soportar la suerte de la Palabra. Y esto fue dramático para Jeremías: temor, persecución, destrucción (v.10), destierro y silencioso final de su vida. ¿De dónde saca Jeremías su fuerza? El texto de hoy constituye la clave de su existencia. Si se siente engañado, seducido por Dios y perseguido (v.7a), ridiculizado por sus paisanos (vv.7b.8.10); si llega a maldecir su suerte y el día en que nació (vv.14-18), reconoce, sin embargo, que es mayor la fuerza del Señor y su Palabra (v.9) Conoce Jeremías la fuerza, el poder, la Sabiduría de Dios (vv.11-12) y se pone en sus manos, ‘porque ha salvado la vida de un pobrecillo de manos de los malhechores’. El ‘pobre’ del que habla Jeremías es el niño que no sabe pero confía (‘me he mantengo en paz y silencio como un niño en brazos de su madre’ (Sal 138,2). Una confianza ciega de creyente que espera lo que no ve (Rom.8,24), ‘que cree contra toda esperanza’ (id.4,18). La trayectoria vital de Jeremías es además profecía de la vida misma de Cristo. Tal fue la experiencia trágica de Jesús al ver el fracaso de su misión (“Pase de mí este cáliz’, ‘¿Porqué me has abandonado?’, para concluir ‘En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu’). ¡Qué lejos de la ingenua confianza de que hoy nos habla el evangelio! Y es que la vida de cada persona, marca también el modo de vivir su fe. TOMÁS RAMÍREZ tomas@dabar.net
SEGUNDA LECTURA En el contexto general de la acción salvadora de Dios en Cristo o del mismo Cristo - depende de los puntos de vista - que es el tema principal de la primera parte de Romanos, Pablo hace una consideración muy especial, comparando este don salvador de Dios, Cristo y su acción salvífica, con su opuesto, la condición pecadora del ser humano desde su comienzo. Y no es que el Apóstol tenga una visión pesimista de la humanidad, sino simplemente cuenta con la realidad, la cual contiene en sí una dosis de elementos negativos como precisamente se desprende de las palabras iniciales de esta perícopa. El mensaje de Pablo en estos versículos, repetido muchas veces y de formas semejantes, es afirmar que el don de la salvación ha sido, es, mucho más grande y eficaz que el pecado humano. Es una lástima que la lectura litúrgica termine en el v.15, donde sólo se ha empezado a apuntar este tema con la frase “no hay proporción...”. Para captar el sentido original hay que proseguir la lectura hasta el final, que es el v. 21. En esas líneas simplemente reitera Pablo su punto de vista a fin de crear una actitud de confianza y seguridad en sus lectores. Dicho esto, que es lo esencial, los vv. 12-14 cumplen una función subordinada. No es, insisto, en modo alguno, la intención de Pablo subrayar el pecado, sino sólo mencionarlo como el punto de partida. Por ello es contrario al espíritu del pasaje destacar el llamado “pecado original” que aparece de un modo un tanto confuso al comienzo del párrafo. Pablo reconoce ciertamente la historia humana mal hecha “inde ab initio”, desde su mismo comienzo o, si se quiere decir lo mismo con otras palabras, el desorden estructural, pero sólo para manifestar que ha quedado superado. Tiene la ventaja esta mención de poner de relieve que así como esa situación pecadora es universal y propia de la raza humana, también, pero mucho más, es la salvación. Con términos más “tradicionales” : se puede ponderar el pecado original y sus nocivos efectos en los seres humanos, pero, si se quiere ser fiel a Pablo, sólo para ponderar mucho más la acción salvadora. Tal es la visión paulina que, aunque sea su origen, no coincide con el pesimismo agustiniano o luterano. En ello, estos dos grandes teólogos no han seguido los pasos de su maestro. Y por desgracia no han sido los únicos, como de alguna manera sugiere la misma selección de la lectura con el corte indicado más arriba. FEDERICO PASTOR federico@dabar.net EVANGELIO Texto. Continúa la serie de instrucciones o consignas prácticas a los doce con vistas a la inmediata misión de éstos en Galilea. Os envío como ovejas en medio de lobos (10,16). No tengáis miedo. Esta consigna negativa, tres veces repetida, constituye el armazón del texto de hoy, en el cual una serie de razones buscan evitar que los doce cedan al miedo. La primera de estas razones apela a la pragmática de los hechos: lo oculto termina por saberse. Sería, por tanto, perfectamente inútil el que los doce no hicieran público lo que Jesús les pide hacer público; terminaría por saberse (vs.26-27). La segunda razón es el temor de Dios (v.28). No es a los hombres a quienes hay que tener miedo sino a Dios, pues mientras los hombres sólo pueden privar de la vida terrena, Dios puede privar de la eterna. Es, pues, a Dios a quien los doce tienen que temer. La tercera razón sigue teniendo a Dios como referente, pero, esta vez, como fuente de confianza (vs.29-31). Aparece aquí la designación de Dios como Padre. La formulación se sirve de la plasticidad y de la poesía de la imagen, con un único objetivo: como Padre que es, Dios cuida de sus hijos hasta en el más mínimo detalle. Es, pues, en Dios en quien los doce tienen que confiar. Cierra el texto una cuarta razón. Su formulación se mueve en la esfera de lo judicial: defensa y acusación en los tribunales. El tribunal divino es una transposición analógica, una forma de hablar sobre el más allá tomando como base una situación humana. También aquí la imagen está al servicio de un mensaje: validez en el más allá de las tomas de postura en el acá (vs.32-33). Puntos de reflexión. Página recia y contundente, como graves y contundentes son los riesgos de la misión, y como serio y grave es el peligro de acobardamiento y abandono por parte del cristiano comprometido. Página de pedagogía, de combinación de resortes, buscando evitar el silencio miedoso y la apostasía. Página de urgente reposición en tiempos del todo vale. ALBERTO BENITO alberto@dabar.net NOTAS PARA LA HOMILIA En las manos del Padre En los versículos precedentes a la perícopa del evangelio de Mateo que ha escogido la liturgia para este domingo, Jesús ha constituido apóstoles a sus doce discípulos y los ha llamado para la tarea que un día se les encomendará: Ser portadores del mensaje que ahora están oyendo de labios de Jesús. Para ello no sólo deberán aprender bien el contenido del mensaje, sino que tendrán que aprender también las actitudes y aptitudes propias del predicador. Así, pues, Jesús los va instruyendo en cómo comportarse y en cómo encajar ciertas situaciones. Una de ellas, la más peliaguda, es la persecución. Antes les ha advertido que si a él le han perseguido, también perseguirán al que continúe su misión. El destino del discípulo será, pues, el mismo que el de su maestro. Pero la intención de Jesús al decir estas advertencias no es la de amedrentar al discípulo, sino todo contrario: la de infundir valor en él para que recuerde las promesas de Jesús en el momento en que suceda la persecución hacia el discípulo. Por tres veces se repite el imperativo “no tengáis miedo”. Primeramente, no tengáis miedo a los hombres. En segundo lugar, no tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. El tercer no tengáis miedo es porque no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Es decir, el valor supremo es la vida eterna, ésta sólo se encuentra en poder de Dios –de modo que nada puede sufrir como consecuencia de la violencia de los hombres-, y, además, estamos en las manos amorosas del Padre, que se cuida de los suyos, con un amor incomparable, como de su criatura más querida. Estas razones tienen que dar coraje y valor a los discípulos en los momentos de persecución y de pasión. Efectivamente, su destino será el mismo que el de Jesús. Como él, la cruz; pero, también como él, la gloria de la vida eterna. Los hombres sólo pueden dañar lo que hay en nosotros de temporal, pero el ser posesión del Padre y nuestra dimensión de eternidad son intocables para quienes nos odian y quieren deshacerse de nosotros y del mensaje que proclamamos. En este mundo, Dios es providente con sus hijos. Si se ocupa de los gorriones, con mucha mayor razón se ocupa de nosotros, pues somos para él mucho más valiosos que los gorriones. Lo contrario del valor es la cobardía. En los planes de Jesús no entra el que sus discípulos sean cobardes. El valor va unido a la esperanza; y la falta de valor es también falta de esperanza. Y la fe en Jesús es esperanza en la providencia de Dios, esperanza en la vida para siempre, esperanza en la construcción del reino en esta vida y su realización en la vida futura. El pecado de negar a Jesús delante de los hombres es avergonzarse de él. Un verdadero discípulo suyo no siente vergüenza de Jesús delante de nadie, sino que lo afirma y lo atestigua ante quien sea y con todas las consecuencias. De ahí la sentencia que culmina esta enseñanza: Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo. La vida cotidiana nos da muchas oportunidades para dar testimonio de Jesús o para sentir vergüenza de él. Una sociedad como la nuestra no persigue directamente el mensaje ni los discípulos de Jesús, pero los desacredita constantemente, se burla de ellos, intenta dejarlos en ridículo y los presenta como elementos de una ideología trasnochada y de unos tiempos ya caducados y superados. Para muchos resulta difícil mostrarse como cristianos ante esta sociedad, decir en voz alta que su pensamiento es el de Jesús, que sus ideas son las que enseña la Iglesia, que su corazón y su vida palpitan al ritmo de la Palabra de Dios. Parece algo tan fácil, ¿verdad? Pues la realidad es que existe el miedo a ser señalado con el dedo y a que nos tachen de retrógrados; que nuestra presencia no sea reconocida como grata; que quedemos descalificados en foros, en medios, en plataformas, en círculos de amigos, etc. Nuestro reconocimiento social y nuestro peso en la consideración personal se ven frecuentemente amenazados. Por otra parte, las dificultades de cada día ponen a prueba constantemente nuestra esperanza. El miedo al futuro, el miedo al fracaso, el miedo a la enfermedad, el miedo a la muerte, la desinstalación, la provisionalidad del trabajo, la crisis económica, la falta de seguridades nos plantea cada día: ¿Tu fe hace de ti una persona de esperanza? ¿O ante situaciones así olvidas las promesas que te garantiza tu fe: el cuidado de Dios y la vida eterna? También, por tanto, al hombre de hoy, al discípulo de hoy, Jesús le dice: “No tengas miedo” y le recuerda que Dios es providente con sus hijos y que después de los padecimientos de esta vida, le espera la vida gloriosa para toda la eternidad. JUAN SEGURA juan@dabar.net
PARA LA ORACION Señor y Padre nuestro: Continúa reuniendo a tus hijos en torno a la mesa de la Eucaristía, para que, nutridos con el alimento del cielo, vivan de tu amor aquí en la tierra y se incorporen a tu familia universal en la vida eterna. ------------------------------ Estas ofrendas son, Señor, una muestra de tu largueza con nosotros, a la vez que el resultado de nuestro trabajo; haz que esta colaboración del hombre contigo nos lleve a vivir en permanente unión con tu ser de amor. ------------------------------ En verdad es justo ser agradecidos contigo y necesitamos expresarte nuestra gratitud. Pues, de esta manera, se acrecienta en nosotros el sentido filial y se afianza en nuestro corazón el reconocimiento de que tú provees a tus hijos. Si perdemos el sentido del agradecimiento, perdemos también la humildad y terminamos creyendo que todo lo que tenemos se debe al éxito de nuestro esfuerzo. Por el contrario, reconociendo tu providencia, ahondamos en nuestra pequeñez y podemos crecer en tu amor. Por eso, también ahora, te damos las gracias y te alabamos. --------------------------------- Recibido el alimento eucarístico, permanece, Señor, con nosotros para que podamos realizar en el mundo la tarea que tu Hijo nos encomendó.
LA MISA DE HOY SALUDO Que la paz, el amor y la gracia de Dios, nuestro Padre, manifestadas en su Hijo y Señor nuestro, Jesucristo, estén siempre con vosotros. ENTRADA Bienvenidos a nuestra celebración de la Eucaristía dominical. Como a sus apóstoles de entonces, Jesús nos instruye hoy también a nosotros para que llevemos su mensaje a nuestra sociedad actual, para que seamos sus apóstoles del siglo XXI. Nos alerta de tiempos difíciles y de dificultades, pero nos infunde ánimo y valor fundamentados en nuestra filiación divina y en la esperanza a la que estamos llamados. Que esta celebración sea, pues, para nosotros, motivo de afrontar las dificultades para que su buena noticia se haga paso en nuestro mundo por medio de nuestra palabra y nuestro testimonio. ACTO PENITENCIAL Reconozcamos ahora que somos pecadores y que necesitamos el perdón de Dios. - Tú, perseguido hasta la muerte. Señor, ten piedad. - Tú, fiel hasta dar la vida. Cristo, ten piedad. - Tú, confiado siempre en las manos del Padre. Señor, ten piedad. Que nuestro Dios, bueno y misericordioso, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén. LECTURA PROFÉTICA La presencia de Dios no siempre resulta cómoda y deseable. A veces molesta porque, simplemente, no nos da la razón o pone al descubierto nuestras carencias. Pensando así, algunos intentan acabar con el mensajero. Pero el mensajero se apoya en Dios y se sabe justo ante Él. Además, aunque puedan acabar con el profeta, no podrán con la palabra que él anuncia. El mensaje no muere con el mensajero. Si éste no lo dice, otro lo dirá. SALMO RESPONSORIAL (Sal 68) Que me escuche tu gran bondad, Señor. Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. Que me escuche tu gran bondad, Señor. Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. Que me escuche tu gran bondad, Señor. Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos, Alábenlo el cielo y la tierra, las aguas y cuanto bulle en ellas. Que me escuche tu gran bondad, Señor. LECTURA APOSTÓLICA El pecado es el oponente a Dios; pero ¿quién de los dos puede más? Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, luchó contra el pecado y venció. San Pablo lo expresa diciendo: “No hay proporción entre la culpa y el don”. En Jesucristo, la benevolencia de Dios alcanza a toda la humanidad. LECTURA EVANGÉLICA Dios se ocupa de nosotros. El destino del discípulo de Jesús será el mismo que el del maestro: persecución y cruz; pero, también como él, resurrección y gloria. Dios nos guarda donde los hombres no pueden contra nosotros: en la gracia y la eternidad. Este pasaje del evangelio de Mateo quiere recordar al discípulo que Dios le ama y provee, que estamos siempre en sus manos porque nos ama. ORACIÓN DE LOS FIELES Acudamos al Padre, que se preocupa de las necesidades de sus hijos queridos. Por la Iglesia y sus pastores, por todos los evangelizadores y los agentes de pastoral. Roguemos al Señor. Por la paz y la prosperidad de todos los pueblos del mundo. Roguemos al Señor. Por los cristianos perseguidos por los regímenes políticos injustos; por los que son difamados o desprestigiados. Roguemos al Señor. Por los que no tienen el valor suficiente para manifestar su adhesión a Jesucristo ante los demás; por los que son descalificados a causa de su fe. Roguemos al Señor. Por los que se arriesgan en su fidelidad al Evangelio, por los que son coherentes hasta el final con su fe cristiana, por la eficacia de su testimonio. Roguemos al Señor. Por nosotros, por la firmeza de nuestra opción de seguir a Jesús. Roguemos al Señor. Ven en nuestra ayuda, Padre, y auxilia a tus hijos cuando te suplican desde su pequeñez y su necesidad de Ti. Por JCNS.
CANTOS PARA LA CELEBRACION Entrada: Si vienes conmigo (CB-181); Cristo es el camino (del disco “Dios es amor”); Juntos como hermanos; Reunidos en el nombre del Señor, de Palazón. Salmo: LdS Aleluya: Canta aleluya al Señor (CB-36) Ofertorio: Llevemos al Señor el vino y el pan. Santo: 1CLN-I3 Comunión: Día de fiesta en tu altar (del disco “12 canciones religiosas y litúrgicas para el siglo XXI”); Hombres nuevos (1CLN-718); Qué alegría cuando me dijeron; Oh Dios, Tu mereces un himno (1CLN-509) Final: Yo estaré con vosotros, (del disco “Siguiendo las pisadas de Cristo”)
Director: José Ángel Fuertes Sancho ·Paricio Frontiñán, s/n· Tlf 976458529‑Fax 976439635 · 50004 ZARAGOZA Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net
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