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Autor.........................
Giuseppe
Angelini
Giusepe Angelini, sacerdote y profesor de Teología Moral
emprende en este libro una exposición sobre los frutos
del Espíritu Santo (en el texto varias veces se utiliza
la palabra don en vez de fruto). Pero su lectura no
pretende ser una exposición de lo que, según san Pablo
corresponde en el cristiano a la vida según el Espíritu
sino más bien mostrar los riesgos de que la
espiritualidad moderna se haya espiritualizado en
demasía obviando el carácter relacional y fraterno. En
la misma dirección se pretende superar un antagonismo
entre vida espiritual (vida interior) y acción como si
esta no hubiera también de ser conducida por el
Espíritu.
El planteamiento no deja de ser interesante y, a nuestro juicio, merecería estudios más detallados. Angelini reduce su exposición y eso hace que el lector pueda juzgar de maneras muy distintas los resultados. A mí, en concreto, no me convence. Sin embargo encuentro que el planteamiento es sugerente. El autor parte en su exposición de los grandes textos de la espiritualidad moderna, desde la Imitación de Cristo hasta Santa Teresa de Lisieux. Por el camino nos encontramos con otros grandes autores como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Felipe Neri, Ignacio de Loyola, John Henry Newmann, Bousset, Francisco de Sales, Fénélon, Vicente de Paúl, Antonio Rosmini o Juan Jacobo Olier. De ellos se extractan algunos fragmentos de sus obras que, ceñidos a los distintos frutos, buscan mostrar, en los comentarios del autor, la tesis propuesta. La brevedad del trabajo para tal cantidad de autores y de tal calidad, hace que estos se coman el texto. Porque el lector disfruta tanto con la enseñanza de esos grandes maestros que casi n presta atención a los comentarios que acompañan. Y en ese sentido se hace muy difícil extraer conclusiones. Anastasio López
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La fuerza de
existir.
Manifiesto hedonista
Autor.........................
Michel Onfra
Onfray ha sido definido como el Zaratustra del siglo XXI.
El componente nietzscheano de su pensamiento, una prosa alocada y la falta
de una coherencia externa (no por ello implícita) convierte su obra en un
caos intelectual que puede cansar al más pintado. Al menos esa la sensación
mientras uno lee los primeros capítulos. De hecho el prefacio se inicia con
esta contundente afirmación: “Fallecía a la edad de diez años, una bella
tarde de otoño, bajo una luz que daba ganas de vivir eternamente”, en
referencia a su internamiento en un orfanato. Será por las experiencias
vitales, será por un genio contenido e incomprendido, por el que el autor se
resiste a crear una obra sistemática. Llegando a la segunda parte del libro,
el lector podrá empezar a encontrar unos destellos de esta genialidad a la
hora de describir el estado espiritual de nuestra época. Onfray describe la
actual crisis espiritual desde una peculiar perspectiva: “La mayoría
denuncia el ateísmo de nuestra época, pero se engaña, pues esta es
nihilista, abiertamente nihilista. ¿La diferencia? El nihilismo europeo
anuncia el fin de un universo y la dificultad de la llegada de otro. Período
intermedio, confusión de identidades entre dos visiones del mundo: una
judeocristiana y la otra, aún no nombrada, llamémosla por ahora poscristiana”.
En esta era poscristiana todo puede resumirse así: “Ningún valor o demasiados valores. Ninguna virtud ni demasiadas virtudes. Una incapacidad para distinguir con claridad los entornos éticos y metafísicos: todo parece bien y bueno, también el mal; todo puede ser llamado bello, incluso lo feo; lo real parece menos verdadero que lo virtual; la ficción reemplaza la realidad; la historia y la memoria carecen de importancia en un mundo dedicado al instante presente, desconectado del pasado y sin ninguna relación con el futuro”. Onfray ensaya incluso una filosofía de la historia para poder catalogar el papel y lugar del nihilismo en nuestra sociedad. Al final de cualquier civilización la irracionalidad ocupa un lugar preponderante, así como las pseudos religiones y extrañas espiritualidades. De hecho, en la fase Terminal del Imperio romano: “El epicureismo se codeaba con el gnosticismo, el estoicismo imperial cohabitaba con los milenarismos y los pensamientos apocalípticos provenientes de Oriente, el viejo racionalismo filosófico vivía sus últimas horas y compartía la época con lo irracional en todas sus vertientes: el hermetismo, el misticismo, la astrología y la alquimia”. Estas fases de “decadencia” y exterminio de una civilización pueden durar siglos y, para nuestro autor, es inequívoco que estamos en un estadio semejante. Sin embargo, la propuesta de Onfray no deja de ser sorprendente. No hemos de esperar tanto, es mejor –propone entusiasmado- que la muerte de Occidente se produzca rápida y limpiamente. Y él se propone ayudar en esta eutanasia intelectual: hay que fomentar un nuevo hedonismo. De ahí el subtítulo de la obra. Pero que no se anime el lector, pues el intento de fundar un hedonismo redentor apenas será comprendido por la media de lectores. En fin, que todo acaba en una curiosidad solo apta para los que les entusiasme las curiosidades. Alfonso Carlos Amaritriain.
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Autor.........................
Vintila Hori
La reedición de esta obra de Vintila Horia no debe pasarnos
desapercibida. Una parte de la buena literatura, sin que tenga en ello
nada que ver la mano invisible de Adam Smith, queda arrinconada en el
ostracismo a la espera de que la descubra, quizás casualmente, algún
lector atento y sin prejuicios. Dios ha nacido en el exilio es uno de
esos libros. Cuando Vintila Horia lo publica, en 1960 le conceden el
premio Goncourt. Sin embargo, la izquierda cultural, capitaneada por
Sartre (aquel para quien los otros suponían una amenaza, como le sucede
al emperador Augusto en la novela), inició una campaña de desprestigio
(difamación), que llevaron al autor a renunciar al premio. Exiliado de
su país, Rumanía, desde 1945, fue condenado al destierro que sufren los
intelectuales que no necesitan inventarse la realidad para parecerlo.
En esta obra recrea la historia de Ovidio quien, acusado de corromper con su poesía a la juventud romana, fue desterrado por el emperador Augusto a la ciudad de Tomis, en el país de los dacios, la actual Rumania. Allí el poeta vive entre la nostalgia de Roma y el descubrimiento del pueblo geta que, en su sencillez, va abriendo su corazón hacia nuevas esperanza. Parece evidente que Vintila Horia pretendió y lo consigue, en esta portentosa recreación del destierro de Ovidio, apuntar a la situación del hombre actual. El exilio no es sólo una condena, sino la posibilidad de llegar a la frontera de la tierra libre. Como señala el protagonista: “Augusto nos ha dado un Imperio, pero nos ha quitado el alma”. Pero como recuperar el alma si Roma tiene multitud de dioses pero nadie se acerca a ellos para rezar. Por eso dice Ovidio: “Se necesitarían nuevas palabras, una nueva visión de la vida y una religión nueva para poder crear un nuevo lenguaje y expresar lo que los hombres de hoy sienten en el fondo de sus corazones y que su ignorancia les impide manifestar por medio de juicios y palabras”. La decadencia del Imperio coincide con una atmósfera en la que se está a al espera de una revelación. Por todas partes aparecen indicios de que algo ha empezado a cambiar e incluso llegan noticias de oráculos que hablan de una Mesías judío. Era una necesidad. “Esto no podía durar mucho tiempo. Nuestros sufrimientos tenían un límite y, si ese Dios existía, tenía que apiadarse de nuestras desgracias y hacernos una señal. O quizás ese silencio quisiera significar que Dios no existía. O que todo eso, los muertos, el infinito dolor, el infinito silencio, tenían un sentido que nuestra razón no podía captar”. De forma precisa plantea Ovidio la situación del hombre de entonces y de ahora. La alternativa, como se nos describe en la novela, es la del asesino Selouros, que “fue encadenado a una picota levantada en el centro del Foro y lanzaron contra él panteras y leopardos hambrientos… Cuando las fieras se le acercaron sólo pudo arrojar arena con su pie derecho a los ojos de una pantera que se preparaba para saltar sobre él. Era una actitud de inocencia infantil… Selouros seguía arrojando arena en dirección a sus enemigos con la alocada rapidez del que cree haber encontrado en un movimiento insensato su medio de salvación, cuando un leopardo saltó por encima de la pantera cegada” Vintila Horia describe un ambiente en el que el hombre se siente desplazado y sólo puede, alejándose de la Urbe en la que los ritos inútiles siguen encadenando los deseos más hondos del hombre, abrirse a la espera de algo que pueda colmar su espera. Es lo que todos los hombres, cuando nada los ha distraído ni se han ofuscado en sus propias conquistas llenas de ídolos que son hechura humana, siempre han buscado. A la caída de Augusto le sucede Tiberio, pero en el tránsito algo ha sucedido en una aldea casi desconocida de Judea.
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La Biblia
comentada por los padres de la Iglesia. Antiguo
Testamento 10: Proverbios, Eclesiastés, Cantar
Autor.........................
J. Robert Wright
Aparece un nuevo volumen de esta magnífica Biblia comentada por los
Padres de la Iglesia. J. Robert Wright, que se ha encargado de
preparar este volumen se refiere a ciertas tendencias modernas que,
en nombre de una exégesis histórico crítica, que privilegia la
interpretación literal, se olviden los comentarios de los primeros
siglos, principalmente alegóricos. Y dice: “los escritores de este
período primitivo de la historia cristiana creyeron que Dios todavía
les estaba hablando en la Escritura cuando la estudiaban orando y
escribían sobre ella. El método moderno histórico crítico de
investigación bíblica, en cuanto tiende a situar el significado
‘real’ de la Escritura sólo en un pasado académico y no dentro de
una tradición interpretativa más amplia de la Iglesia, no es una
visión que ellos habrían reconocido o comprendido”.
El peligro de tratar la Biblia como un mero texto, y por lo tanto de desligar su interpretación del conjunto de la fe es muy grande y se han dado excesos. Con todo, es justo reconocer que cada vez más se siente la necesidad de alimentar la predicación, la meditación persona y la vida espiritual en una lectura ungida de la Palabra. En ello son maestros los Padres de la Iglesia. Desde el principio trataron los libros Sagrados como Palabra de Dios y, por lo tanto, como portadora de un mensaje. Incluso un texto tan proclive a ser interpretado en clave exclusivamente de amor sensual y erótico, como el Cantar de los Cantares, fue acogido en el canon y comentado. Aunque Teodoro de Mopsuestia era partidario de una interpretación literal, la alegórica se abrió paso viendo en el novio y la novia una figura de Jesucristo y la Iglesia. Muy influyente fue el comentario de Orígenes al respecto, aunque en la Edad Media san Bernardo privilegiaría la interpretación Jesucristo-alma. Una vez más se nos ofrece un importante tesoro de citas, extractadas cuidadosamente de los textos de la primitiva iglesia, que harán más fecunda nuestra lectura de la Biblia. Se constata, cuando uno se acostumbra a leer desde la perspectiva de los Padres que no sólo aprendemos muchas cosas particulares sobre puntos concretos. Se nos enseña también un modo, un método, de acercarnos a la Palabra de Dios, que es viva y eficaz y a través de la cual Dios continúa hablando al hombre. Una vez más el equipo coordinado por el profesor Marcelo Merino, encargado de la edición española, ha realizado una excelente labor traduciendo los comentarios de los Padres desde las fuentes originales. David Amado
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Autor.........................
José Luis Pardo
José Luis Pardo (Madrid, 1954), profesor de instituto a la sazón, es
actualmente profesor de filosofía en la Universidad Complutense. Por
lo que leo en la Wikipedia, su tesis doctoral se tituló La teoría de
la individuación intensiva en el proyecto de una semiótica
translingüística, frase que sólo puede indicar dos cosas: o bien se
trata de un impostor intelectual, o bien de un individuo que sabe de
lo que habla. Y tras leer Esto no es música. Introducción al
malestar en la cultura de masas, me inclino por lo segundo sin duda
alguna.
Pardo, claramente, no sólo es un filósofo formado en la línea dura e intelectualmente exigente del siglo XX, sino que también atesora unos profundos conocimientos acerca de la historia de la filosofía en conjunto. Eso lo digo porque es reseñable, ya que mi experiencia me indica que ambas condiciones no suelen darse juntas. De ahí que este ensayo sea tan valioso. El título, Esto no es música, es lo que le decían sus padres y abuelos cuando oían que sonaba alguna canción de los Beatles. Con tal punto de partida, Pardo analiza la cultura de masas aparecida con la generalización de la televisión tras la Segunda Guerra Mundial, pero tomando como base la famosa portada del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, el octavo disco de los Beatles. Se trata de uno de los discos más importantes de la historia del rock, y su abigarrada portada contiene las fotografías de individuos tan dispares como Karl Marx y Marilyn Monroe. En total, sesenta y siete personajes más los cuatro Beatles mezclados en un collage imposible. Así, con una capacidad inquisitiva digna de Theodor W. Adorno en La dialéctica de la Ilustración y de Walter Benjamin en La obra de arte en la era de su reproducción técnica, Pardo llega a una conclusión que no habrían aceptado los dos filósofos alemanes: que esto sí es música. ¿Cómo llega a la mencionada conclusión? Lean el libro. Vale la pena. Aristarco Martínez
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Autor.........................
William Brodrick
Esta es la segunda novela de William Bodrick. Es fácil
establecer algunos paralelismos con su precedente, La sexta
lamentación, también publicada por Alfaguara y que es excelente.
Nos reencontramos con el padre Anselm y, aunque no era fácil
pensar un argumento que tuviera la fuerza y el atractivo de su
anterior novela, William Brodrick vuelve a salir airoso.
En un momento se habla de un sueño en el que un periodista se encuentra con una multitud de gente que “no pueden ir al cielo porque no hicieron nada bueno ni tampoco al infierno porque no hicieron nada malo.”. El periodista sabe que no se trata de ninguna primicia, pero no dejaba de ser una buena historia que podría titularse Vivieron sin pena ni gloria. La mayoría de los personajes que encontramos en las novelas de usar y tirar responden a ese perfil en el que los caracteres tienden a igualarse en una estela de rostros informes de los que, finalmente, no podemos recordar nada. Brodrick en sus novelas intenta huir de eso, y en parte lo consigue. Quizás un aspecto que debe resaltarse, dentro del género que limita y mucho, es el intento de profundizar en la psicología de los personajes. Por eso la obra es, a veces, psicológicamente más compleja de lo que cabría esperar en un libro de esta clase. El padre Anselm, no deja de cuestionarse sobre las motivaciones últimas del hombre para cometer un crimen o las débiles fronteras por las que se mueve la libertad humana. Sin embargo, la respuesta final ni es simple ni tampoco cínica, que no es más que simplicidad vuelta del revés para crear un efecto deformante. Del argumento podemos desvelar que Anselm antes de ser monje
ejerció de abogado. Una antigua compañera, Elizabeth Glendinning,
muere repentinamente, pero ha dejado una serie de indicios y
pruebas que han de conducir a Anselm a un caso que se cerró hace
mucho tiempo gracias a su pericia como defensor. A partir de ahí
se tiende una trama en la que cada puerta que se abre presenta
más de un pasadizo que puede seguirse. Con todo, Brodrick logra
mantener el control de todos los hilos impidiendo que el
argumento se desgarre o pierda la intensidad lograda. Del autor cabe decir que estudió filosofía y teología y derecho. Fue fraile agustino y actualmente ejerce de abogado. Su prosa es inteligente y la factura de sus obras muy respetuosa y limpia, lo que supone un valor a tener en cuenta. Juan Hernández
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