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La actualidad de nuestra parroquia |
martes 30 de enero de 2007 |
Pg. actualizada a las: 21:28 |
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Mensaje del Presidente de Confer para la Jornada Mundial de la Vida Consagrada
“El día 2 de febrero
No son hombres y mujeres
dotados de excepcionales cualidades humanas; son, sobre todo, hombres y
mujeres, sensibles a la búsqueda de Dios, entusiasmados por Jesucristo y
su Evangelio, y prontos para salir al encuentro de todos, especialmente
de los más pobres, con entrañas samaritanas. Hombres y mujeres de
fuertes convicciones que no se dejan arrastrar por corrientes o
ideologías de moda y se resisten a dejarse llevar por este ciclón de
consumismo y de materialismo que nos rodea. Son amigos de la utopía y de
las causas humanas más nobles; hasta el punto, como ha dicho el Papa
Benedicto XVI, que “están junto a los jóvenes y sus familias, a los
pobres, a los ancianos, a los enfermos y a las personas solas. No existe
ámbito humano y eclesial donde no estén presentes de modo a menudo
silencioso, pero siempre activo y creativo, casi como una continuación
de la presencia de Jesús, que pasó haciendo el bien a todos (cf. Hch
10, 38) (Carta a
En los tiempos que vivimos la vida consagrada tiene mucho que ver con los idealistas y los utópicos de otros tiempos y precisamente por eso se llena de originalidad y la sociedad actual la necesita para tener alguna referencia de gratuidad, de amor y de pasión por valores eternos, para señalar horizontes lejanos y luminosos más allá de la inmediatez y de la prisa de la vida cotidiana.
La vida consagrada quiere
ser en medio de la sociedad una auténtica familia que cultiva con mucha
fuerza su fe y quiere vivir una profunda espiritualidad desde unas
relaciones fraternas profundas. Unida a las familias cristianas quiere
hacer visible esa amplia familia de Dios, más allá de los lazos de la
carne y de la sangre, que escucha la palabra de Dios y la cumple. Por
eso el lema de la jornada de este año reza: “La vida consagrada y la
familia, huellas de
Seguramente no estamos en los tiempos más “gloriosos” de la vida consagrada pero sí estamos en los momentos más apasionantes. Porque hay una vida consagrada que está surgiendo, lentamente como todas las cosas profundas que vienen de Dios, y que va a ver la luz en las próximas décadas. Ya hay signos certeros de que está naciendo un nuevo estilo de vida consagrada.
El Papa Juan Pablo II había dicho a la vida consagrada que tiene una gloriosa historia que contar y, sobre todo, una interesante historia que construir. Y nos pedía a los consagrados que nos dejáramos empujar hacia el futuro por el Espíritu que desea seguir haciendo con nosotros obras grandes. (Vita Consecrata, 110) Los consagrados queremos asumir esta invitación, que es una tarea ilusionante y que nos convoca al gozo y a la esperanza.
Los consagrados y
consagradas españoles estamos cada día más decididos a caminar al lado
de nuestro pueblo, al ritmo de los tiempos, respondiendo con nuestro
estilo de vida a los retos e interrogantes que nos plantea la
modernidad. No queremos ser hombres y mujeres del pasado, ni hay entre
nosotros tentaciones de nostalgias estériles. Los consagrados somos
hombres y mujeres del presente que nos sentimos cómodos en la modernidad
y queremos aportar a
No somos hombres y mujeres del silencio o de la soledad, al margen de los dolores e ilusiones del mundo. Estamos ampliamente comprometidos y entre nuestras tareas y preocupaciones esenciales se encuentran los pobres y marginados, los presos y ancianos, los enfermos y los inmigrantes. No hay una sola tierra marginada donde no estén pisando los pies de los consagrados. La obra social y misionera que los consagrados y consagradas de España alientan y sostienen en la actualidad es impresionante. Estamos escribiendo –y no es faltar a la humildad– una de las páginas más gloriosas de la vida consagrada de todos los tiempos. Y el beneficio humano, cultural y económico que aportamos al conjunto de la sociedad española es incalculable.
Por eso en esta Jornada Nacional de vida consagrada, el día 2 de febrero, queremos reafirmar nuestro compromiso de buscar a Dios con pasión y de servir apasionadamente a los más pobres. Queremos caminar en comunión profunda con nuestros pastores, con los laicos, y con todos los hombres y mujeres, grupos y asociaciones de buena voluntad que se plantean servir y amar a la comunidad humana, trabajando por la paz y la justicia, contra la marginación de la mujer y buscando el progreso de los pueblos y los derechos humanos, convencidos de que otro mundo mejor es posible. Ahí nos van a encontrar siempre porque ése es nuestro lugar natural, el terreno que han pisado nuestros fundadores y que nosotros queremos seguir pisando. No añoramos privilegios y reconocimientos sociales; sólo deseamos la libertad necesaria, personal y social para poder llevar a cabo nuestros trabajos en favor de los pobres con eficacia y generosidad en nombre de Jesús.
Los consagrados somos en este momento en España unos 62.000 y fuera de España trabajan unos 15.000. Estamos presentes en la enseñanza, en la sanidad, en los temas sociales, en la pastoral y en la formación, entre otros muchos lugares de presencia.
Si es verdad que han bajado los números en la vida consagrada al hablar de nuevas vocaciones, no es menos cierto que ha subido –y mucho- nuestro deseo de avanzar en lo esencial, de cuidar la calidad de nuestras relaciones y de acrecentar nuestra fidelidad a los pobres desde los diversos carismas que nos conducen a la misión. No es el número ni el peso social lo definitivo en la vida consagrada; es la capacidad de saber estar a la escucha, de leer la vida en clave de fe y de responder, desde la fe cultivada y celebrada, a las demandas urgentes de la sociedad y a sus preguntas más decisivas.
Ojala no nos falten nunca referencias esenciales de lo divino y de la gratuidad que nos hagan creer en el hombre y apostar por él cuando crecen los sentimientos negativos y la esperanza se resquebraja acosada por la violencia y el terrorismo, por la injusticia del hambre y la mala distribución de la riqueza.
Los consagrados apostamos por la unidad, por las familias, por los inmigrantes, por todos los grupos humanos y no creemos que los muros y alambradas puedan solucionar problema humano alguno. Es tiempo de unir y no de dividir, de acercar y no de alejar. Merece la pena apostar creativamente por el mañana porque realmente otro mundo es posible según el corazón de Dios.”
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